Los rastros físicos pueden ser sutiles y creados
involuntariamente: pisotones en el pasillo o mechones de pelo en un
mueble; huellas en la arena si tenemos la suerte de estar en la playa.
También pueden ser invisibles - huellas dactilares, por ejemplo - o
visibles e intencionalmente creadas: una postal escrita a mano o un
formulario que rellenamos para renovar nuestro pasaporte. Al igual que
los rastros sutiles, nos referencian y revelan detalles sobre
nosotros/as.
En el mundo digital, las cosas funcionan igual, pero a una escala más grande.
La mayoría de las personas vamos dejando cientos de rastros digitales todos los días y, al igual que los rastros físicos, algunos de estos rastros son intencionales y visibles
como los correos electrónicos, entradas de blogs, tweets, fotografías,
comentarios en Youtube o likes en Facebook. Pero muchos rastros son invisibles e involuntarios:
registros de nuestras visitas a sitios web y búsquedas, por ejemplo, o
historiales de nuestros movimientos y llamadas de teléfono.
Cuando los rastros digitales individuales se juntan, pueden
proporcionar mucha información sobre nuestras vidas - incluyendo
detalles que asumíamos como privados.
La reputación digital es tu reputación online. Es
decir, la reputación digital es el reflejo del prestigio o estima de una
persona (o de una marca) en Internet. Es muy importante manejar este
término ya que la reputación no está bajo control, por ello, cuando las
personas conversan y aportan sus opiniones fabrican una identidad y
crean reputación.
En Internet, es sumamente fácil dar información y opiniones a través
de mecanismos como foros, blogs o redes sociales, y queda registrado en
la red. Todo el que llegue detrás puede leer lo que has escrito. De ese
modo, estás creando tu propio perfil, tu propia reputación digital.
Pero ¿y si queremos borrar nuestro rastro y reputación digital?
Lo primero que se nos viene a la cabeza es, simplemente, dar al botón de borrar y desaparece. Pero en realidad no es así. Aunque no veas, la imagen o el mensaje, sigue ahí y se almacena en una especie da almacén de datos llamado Big Data. Y este "almacén" es de Google. Pero ¿qué hace Google con esta información? Es fácil: ¿Alguna vez te has preguntado por qué te salen anuncios de objetivos de cámara (por ejemplo) cuando te acabas de comprar una por Amazon? Porque esos datos Google los vende a empresas para hacer la publicidad que te mandan.
Existe una ley que permite la eliminación de aquella información que no queramos que se sepa. Esta ley se llama Derecho al olvido. Pero Google no está por la labor de borrar toda la información que posee, por eso pone mil y una pegas para borrar cualquier cosa y, debido a su gigantesca reputación, normalmente sale ganando.



